
¿Qué pasa en Nicaragua?
By Maria Arbelaez
Desde el pasado mes de abril hemos visto, en los noticieros, protestas callejeras y violencia
exacerbada en Managua, León y otras ciudades en Nicaragua. Estas han resultado en aproximadente 198
muertos de acuerdo al gobierno y 300 en cifras proporcionadas por Organizaciones
No-Gubernamentales (ONGs) en un numero no oficial , una gran cantidad de heridos (número tampoco
especificado), cientos de arrestados, muchos desparecidos, otros tanto exilados en Costar Rica, México y
Panamá.
La mayoría de todos ellos, estudiantes de bachillerato y universitarios. Las protestas se
originaron como repudio a las reformas ordenadas por el actual presidente Daniel Ortega al seguro
social y pensiones. Las reformas aumentaban las cuotas de maner significativa. Estudiantes y
trabajadores de todos los niveles consideraron las reformas desmedidas y sin justificación económica. Si
bien es cierto que los estudiantes están al frente de las protestas, ellos cuentan con el respaldo de
trabajadores, campesinos, organizaciones religiosas y civiles, y sectores importantes del empresariado.
Lo cierto es que pronto las protestas devinieron en mucho más que la exigencia de cancelación a
las reformas al seguro social y pensiones. De hecho, Daniel Ortega, las anuló después de varios dias de
violencia. Sin embargo, lo hizo posteriormente a la agudización de la crisis.
De hecho, ésta se profundizó cuando individuos encapuchados junto a policia anti-motines
golpearon y mataron a los protestantes. Rapidamente se supo que las fuerzas de choque eran individuos
amparados en el anonimato por los Sandinistas. Muchos han sugerido, ya que no se ha demostrado aún,
que son bandas de pandilleros al servicio de la policia.
La dureza y profundidad de la violencia de ambos lados es a todas luces reprochable e
inaceptable. La represión ha sido condenada por la mayoría de los nicaraguenses y por todos los
sectores progresistas de los paises latinoamericanos, la Comunidad Europea y el pueblo norteamericano.
Grupos de clérigos de la iglesia católica rapidamente se opusieron a la represión gubernamental y se
ofrecieron como mediadores entre la oposición y el gobierno. Observadores de grupos de derechos
humanos invitaron a la Comisión Interamerican de Derechos Humanos para que investigara los hechos.
Ortega y sus colaboradores expulsaron del país a la organización después de que el reporte de la
represión inculpó al gobierno de la violencia. A la fecha el diálogo entre el gobierno y la oposición
dirigida por la Conferencia Episcopal se encuentra empantanado. Mientras tanto, las protestas arrecian y
ls violencia continúa.
De hecho, los reclamos y protestas de los nicaraguenses rebasaron el enojo por el intento de
reformas. Las demandas ahora se centran en la renuncia del gobierno de Daniel Ortega y su esposa
Rosario Murillo, actual vice-presidenta. Además, se exigen elecciones adelantadas. Los estudiantes y la
oposición están demostrando su enojo en contra de un lider que se ha encumbrado en el poder
presidencial demasiados años.
Daniel Ortega, al frente del Sandinismo, se encuentra en su tercer mandato presidencial desde
2006. Si se suman el número de años que el lider del Sandinismo ha sido presidente del pais, tendremos
17 años y los tres restantes que le quedan del presente período. Además, el lider parece dispuesto a
mantenerse en el poder de manera indeterminada. Esto a costa del pueblo nicaraguense, de su propia
historia en contra de la dictadura de Anastasio Somoza, y de los ideales de Augusto Cesar Sandino que
inspiraron la creación, lucha y victoria del Frente en 1979.
La economía bajo el Sandinismo no ha mejorado de acuerdo a las promesas y predicciones. La
reforma agraria y la repartición de bienes confiscados al somocismo no aliviaron la caída de la
economía. En los años 80 la Guerra de los Contras causó estragos en la economía y desplazóo a miles
del campo. Al inicio de la dėcada de los noventa, las modificaciones exigidas por el Fondo Monetario,
para solventar y mantener el crédito internacional no resultaron en la reducción de la pobreza como se
había especulado que sucedería.
El ingreso per capita sólo ha mejorado mínimamente. Lo cierto es que la desigualdad económica
ha aumentado desde el 2000. La producción agroprecuaria, de manufacturas y las remesas son
totalmente insuficientes para sostener e impulsar la economía nacional.
No es entonces de extrañar el protagonismo de los estudiantes en las protestas. El
estancamiento económico y la falta de oportunidades ocupacionales y profesionales afectan
mayoritariamente a los jóvenes. Es por la incertidumbre de su futuro que ellos actuan y cuestionan a la
dirigencia sandinista y sus alianzas después de 38 años de ofrecimientos fallidos y un liderato que no
crea iniciativas de cambio. En realidad, han sido dos generaciones de nicaraguenses que han visto a su
pais estancado y sin futuro promisorio.
Por lo pronto, los jóvenes nicaraguenses observan atónitos las explicaciones religiosas de un
Ortega recientemente devoto y piadoso. Además, ven con sobresalto a la Vice-Presidenta Rosario
Murillo, instalada en la dirigencia sandinista y detrás de muchas de las decisiones de Ortega, como
representante de un culto que combina las creeencias del Hindu Shri Sai Baba, el Sandinismo, prácticas
de religiosidad indígenas y el Catolicismo.
La secta de Murillo nada tiene que ver con Nicaragua, su historia, su presente o su futuro. Es por
todo esto, que los estudiantes están plantados en las calles protestando y arriesgando sus vidas.
Después de casi cuatro décadas de Sandinismo, el quehacer político de Nicaragua debe
renovarse bajo la dirigencia de sus jóvenes. Es por ellos que se debe resolver la crisis actual con total
respeto y apego a los derechos humanos y detener la represión.

