VÍCTIMA DEL COVID-19: Sofía Barragán de la Luz, la eterna aprendiente

Cuando Sofía llegó a EEUU se sintió feliz de estar con su hija y asistir a varios cursos con la comunidad latina. Fotos cortesía: Celsa Pérez.

Se fue sin dolor y sin decir mucho. El corazón de Sofía Barragán de la Luz dejó de latir a sus 74 años en un hospital de Omaha a las 5 de la mañana del 21 de mayo de 2020. ¿La causa? El COVID-19.

Doña Sofía, una mujer que nunca se cansó de aprender, nació el 18 de septiembre de 1945 en Chietethlan, un pueblito mexicano en Guerrero. Allí se casó con Agustín Vargas Ayala y tuvo 5 hijos, ahora adultos (4 hombres y una mujer).

Después de la muerte de su esposo (2014) Doña Sofía decidió direccionar su camino y venir en 2018 a EEUU a estar con su hija Celsa Pérez (53), ahora es ciudadana estadounidense.

“Cuando mi mamá estaba en su pueblo siempre la veía seria y parecía enojada. De vez en cuando compartía con sus amigas y disfrutaba de la música popular de allá, como la cumbia y la ranchera”, comentó Celsa al otro lado del teléfono.

En Omaha Barragán de la Luz le hizo honor a su apellido, la sonrisa iluminó más su rostro. Quería aprender lo que más pudiera sin cesar. Estudió primaria y gracias a la ayuda de Latino Center of the Midland (LCM) y Completly Kids – una guardería de niños que ofrece clases para adultos – logró sacar su primaria y quedó a la mitad de la secundaria.

Tomaba los cursos que se le cruzaba por el camino: inglés, costura, tejido, baile y canto entre otros. Con todos sentía un profundo éxtasis. Era la inspiración para muchos porque demostró que su edad no es un límite.

Pero un día Celsa empezó a tener dolor de cabeza y fiebre, su cuerpo ardía. No era normal como una gripe cualquiera. Decidió hacerse la prueba del COVID-19 y salió positivo.

Sofía, dentro de su amor de madre, no llegaba a entender que no podía acercarse a su hija. “Madrecita, yo la quiero mucho, pero no quiero que me le pase nada. No se me acerque”, le decía constantemente la hija a la madre.

El marido de Celsa también fue contagiado. Ambos buscaron la manera de aislarse para proteger a Sofía; pero ésta esperaba a que su hija se durmiera para poder estar a su lado y darle algún brebaje caliente o caldos para bajarle la temperatura.

“Mami mientras yo esté aquí no te me acerque, por favor, porque no sabemos qué podemos hacer”, insistía la hija. “¿Cómo te voy a dejar si estás en calentura?”, trataba de justificar Sofía en la casa.

Sofía con su hija Celsa.

El miedo de Celsa de que su madre fuese contagiada se convirtió en un infierno. Celsa ya recuperándose veía cómo Sofía empezaba a tener algunos síntomas de “gripe”.

Ni los tés ni caldos ayudaron a que Sofía saliera de ese cuadro. La respiración empezó a faltarle y Sofía se empezó a sentir débil. Le dificultaba estar de pie.

“Un día fui al baño y vi a mi mamá hincada debajo de la cama, pensé que estaba rezando. Le pregunté si rezaba y me dijo que no podía volver a la cama porque ya no tenía fuerzas”, dijo Celsa. De inmediato la llevaron al hospital.

La ambulancia se llevó a Sofía y a los dos días los doctores llamaron a Celsa para decirle que el virus afectó sus órganos, su corazón y pulmones, además su sangre empezaba a coagularse. “En sus pies habían bolitas y luego se extendió por toda parte del cuerpo. Los anticoagulantes no funcionaron”, señaló la hija.

Estaba entubada, sedada y Sofía no se dio cuenta de nada, ni sintió dolor al partir. “Fuimos un día a verla al cuarto día de hospitalización. Se veía mal, ya le había dado un ataque al corazón pero temían a que le volviera dar no aguantaba”, continuó Celsa.

Para Sofía su edad no era un límite. Aprendió a leer y a escribir.

Celsa y sus hermanos en México esperaban un milagro. A la semana de estar hospitalizada ya Sofía no podía respirar por sí misma. Los médicos le hicieron una videollamada a Celsa y su esposo para poder despedirse de ella. “Nos quedamos en shock todos. Y yo, pues yo me culpaba y pensaba que mis hermanos en México me iban a culpar a mí, pero no fue así. Mis hermanos me apoyaron y entendieron que se trataba de una pandemia”, explicó Celsa.

Celsa tuvo que asistir a terapias en el centro de salud de One World para tratarse para poder salir del sentimiento de culpa.

Los restos de Sofía fueron trasladados a México con la ayuda financiera del LCM. Dejó un vacío en muchos corazones que ya había iluminado con sus cantos y sonrisa.

El 18 de septiembre de 2020, día en que El Perico habló con Celsa, Sofía estaría cumpliendo 75 años.

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