Sin fiebre pero con Covid-19 también trabajan en las plantas empacadoras de carne

Aunque muchos no han presentado fiebre, pero sí síntomas, tienen miedo de hacerse las pruebas. Foto referencial tomada de conexionlatinaiowa.com. 

Por Karlha Velásquez/ El Perico

“Yo nunca tuve fiebre. Y fui diagnosticada por el Covid-19. Lo padecí por un mes, fue horrible y siento que las personas no están conscientes de lo que ocurre dentro de las plantas empaquetadoras”.

Así se refiere una de las empleadas del matadero JBS de Grand Island que, como muchos de sus compañeros, ya empieza a sentir las preocupaciones sobre el destino de la salud de los trabajadores de la planta procesadora de alimento.

El veto a la información, anunciado por el gobernador Pete Ricketts, para no publicar datos específicos de los casos en las plantas empacadoras de carne por “cuestiones de privacidad”, genera aún más incertidumbre para muchos empleados. El último reporte que se conoce asociados a las empresas cárnicas en Nebraska fue de 212 empleados infectados en las instalaciones de Tyson Foods en el condado de Madison.

Las pruebas estrictas que se realizan en las entradas de las compañías se basan en medir las temperaturas de sus empleados para descartar si presenta fiebre o no, lo que para la empleada, que llamaremos Roberta Cáceres para mantener el anonimato, resultan risible.

“Se están tomando las medidas tanto en la entrada como en la salida. Pero siento que hay una desinformación sobre el virus y se cree que se da solo con fiebre y no es así. Yo estoy segura de que cogí el virus en la planta. Mi esposo tuvo fiebre pero yo no, ambos padecimos dolores musculares, pérdida del gusto, dificultad para respirar y en los supervisores solo se basan en tomar la temperatura”, dijo.

Un reporte médico fue el único aval para que ella y su esposo pudieran estar de reposo por todo el mes de abril. En ese periodo la compensación monetaria y el aumento de 4 dólares por hora no se vieron reflejados en ninguno de los pagos ofrecidos, así que tuvieron que acudir por primera vez en el tiempo que tienen viviendo en el país (22 años) a solicitar la ayuda por desempleo así como aplicar al short-term disability para cubrir sus gastos diarios.

En dos semanas recibió dos pagos y no sabía qué se le estaba pagando la compensación de $600 o si era por su aplicación al desempleo o el short-term disability. Su esposo, en cambio, recibió cuatro pagos por el mes.

Desinfección “profunda”

Cáceres culpa a las empresas de no informar a tiempo a los empleados sobre los casos de Covid-19 que ya existían ya en marzo, hasta que estalló el escándalo en abril de más de 237 casos infectados en la planta, en ese entonces el estado de Nebraska contaba al menos 14 muertos asociados con el coronavirus.

Sin embargo, la empresa decidió tomar medidas sanitarias mientras parte de los trabajadores del turno de la tarde estaban presentes: esparcir cloro por todos lados, causando la oxidación de algunos metales de los cacilleros de los empleados.

Si bien es sabido que el cloro se usa constantemente en los hogares e industrias para desinfectar y mantiener libre de gérmenes y bacterias el lugar, cuando se utiliza en mayor cantidad y el vapor es inhalado por las personas, éste podría deteriorar el sistema inmunológico, afectar el torrente sanguíneo y en consecuencia el corazón. Sin embargo, no hay ningún reporte de personas afectadas por inhalación de este químico.

Los gerentes de JBS decidieron esparcir el halógeno para disminuir cualquier partícula del Covid-19 en su planta, según cuenta Cáceres. “Nosotros estábamos asfixiados por la cantidad de cloro que estábamos respirando. Quizás eso también contribuyó a la que el sistema inmune de las personas se deteriorara y pueda entrar el virus al cuerpo. Menos mal que ahora están más controlados”.

El miedo aún persiste

Cáceres cuenta que en la planta trabajan personas analfabetas por lo que se les es difícil seguir las instrucciones escritas. “No es suficiente con poner carteles, hay que informar de mejor manera y en diferentes idiomas para que el mensaje llegue”, dice.

Durante marzo y abril se dispararon las cifras de reclamos por desempleo. Ahora se ubica en 44.081 solicitudes. No obstante, explica Cáceres, muchos no aplicaron a los beneficios del desempleo porque no saben cómo usar los aparatos electrónicos y contaban con poca asistencia. “Además, tienen miedo por la cacería que hay en contra de los inmigrantes”, mencionó.

Bajo ese precepto de miedo también muchos evitan hacerse la prueba del Covid-19, que si bien el gobernador Rickett anunció que serían completamente gratuitas, también “los trabajadores comentan que varias empacadoras le piden a sus empleados hacerse la prueba pero ellos deben costearse el gasto de $170”, dijo. Aclaró que a ella ni a su esposo le cobraron por la prueba.

Recalcó la importancia de informar a los trabajadores sobre el uso de los materiales para protegerse. “Podemos coger el virus donde sea. La gente debe colaborar también en este proceso de protección. No solo se trata de pensar que se tiene el virus cuando se tiene fiebre, yo no la tuve y di positivo”, dijo.

Al preguntarle si apoya el cierre de las plantas, ella considera que JBS y las empacadoras han hecho lo mejor que pueden hacer. “Ahora es que están tomando medidas, luego de un mes, aun no es suficiente. Pero creo que si cierran todas las plantas entonces ¿qué vamos a comer? va a empezar la violencia, la gente se va a matar por comida. Ya pasó con el papel sanitario. No creo que es necesario cerrarla”, acotó.

Lo cierto es que, aunque existen opiniones encontradas en el mismo gremio de las plantas empacadoras y mataderos ya se está notando la escasez de la proteína animal así como la subida de precios en algunos supermercados y abarrotes latinos en Omaha.

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